Aquella hermosa chica de cabellos color café y mirada hipnótica es el sueño de mi vida; llevo meses chateando con ella y por fin encontré el valor de invitarla a salir.
— ¿En dónde te espero?
— En el Café Astoria de calle cuarta.
— Allí estaré, amor.
Su nombre es Flavia, la conocí justo cuando había perdido la esperanza de conocer a alguien por Tinder e iba a cerrar mi cuenta. Pero antes siquiera de pedirle su wasap le hice un serio escrutinio; hice preguntas incómodas, jamás le comenté muchos datos personales míos y mucho menos le di mi información financiera; tampoco le dije que tengo un apartamento propio. Es la chica más bella que he conocido en mi vida y también la más sencilla; sus prendas de vestir son bastante simples para alguien de su estatus, su manera de expresarse denota mucha educación y jamás me ha pedido prestado en todo este tiempo.
Tal como acordamos entre al Café Astoria, pero ella aún no está. Me senté de todos modos en una de las mesas a esperar cuando de repente suena mi celular.
— Cariño, no podré llegar; se me desinflo una llanta a unas cuadras y necesito que me asistas.
— Entiendo, solo envíame tu localización por el wasap.
Al llegar al lugar, estaciono mi automóvil improvisadamente en una acera y justo cuando salgo del auto, algo me nubla la vista a la vez que aspiro un fuerte olor a cloroformo... Solo un momento después de que me despertaron forzosamente me di cuenta de dónde estoy ahora.
— Despierta, imbécil, despierta, que necesito grabar un video para demostrar a tu familia que estás a salvo.
Escucho la voz grave y potente de un enmascarado mientras me da unos cuantos golpecitos con una vara; el dolor es algo intenso. Estoy dentro de un lugar oscuro que no puedo identificar y frente a mí hay un pequeño dispositivo sobre un trípode; pronto me percato que es una especie de cámara.
— ¿Dónde estoy?
— Ja, ja, ja, bienvenido al infierno.
— ¿Y quién se supone que me habla?
Y vuelvo a escuchar la dulce voz de Flavia
— Soy yo, ¿me recuerdas?
— ¿Y qué haces aquí?
— Soy Flavia, una inteligencia artificial.
— ¡¿Qué?!
Con un macabro sentido del humor, mi secuestrador me responde.
Tonto, yo mismo la cree; soy un programador desempleado que, cómo muchos, perdí mi empleo por una reestructuración de mi empresa de software cuya finalidad fue deshacerse de la mano de obra local con el fin de contratar extranjeros recién llegados que todavía no tienen sus papeles en orden.
— ¿Con qué soy un tonto?, bah, yo no di mucha información personal a tu programa, así que estás perdiendo el tiempo.
— Allí te equivocas nuevamente, Flavia tomo los datos biométricos de tu cara, entró a la base de datos del registro civil y ahora sé que aunque vives solo, tienes una familia cuyo patrimonio en conjunto es más de un millón de euros. Así que solo serás libre cuando paguen un buen rescate por ti. Ahora lo único que falta es que aparezcas en el video que voy a filmar, les dices a ellos que has sido secuestrado y que no intenten llamar a la policía porque de lo contrario morirás ¡Empieza ya!
Fin
